Nos gusta pescar, pero también comer

Como guías de pesca, tratamos que nuestros pasajeros vivan una experiencia que vaya más allá del hecho de atrapar un pez. Queremos que cada momento sea un grato recuerdo, desde el instante en que lo pasamos a buscar por el hotel, el ingreso al Parque Nacional,  la elección de cada mosca o equipo ideal. Y dentro de esas vivencias, el momento de descanso para la comida es, sin dudas, una ceremonia.19904637_10155531675553762_162959466_n

A la hora de preparar un almuerzo en el campo tenemos varias cosas en cuenta. Un día de pesca dura unas ocho o nueve horas, en las que flotamos aproximadamente 15 kilómetros, y normalmente usamos una hora para armar ese “restaurant al aire libre”, a la orilla de un río o lago y comer. Un punto muy importante es que no podemos hacer fuego con leña, ya que estamos dentro de un Parque Nacional (Nahuel Huapi), por lo tanto, tratamos de hacer una comida rica, teniendo en cuenta el respeto por el entorno y sus condicionantes.

Para que todo salga bien y no olvidarse de nada, es muy importante el trabajo del día previo. Que falte la sal o cualquier otro ingrediente en el campo puede ser un error garrafal y además hay que tener en cuenta la limitación del espacio en el bote. Así que, la noche anterior, seleccionamos todo el equipamiento y los ingredientes para que al final del día todos quedemos satisfechos con el trabajo realizado. Y si además tuvimos buena pesca, mejor aún.19883813_10155531666288762_1172713223_n

Mientras voy calentando el hierro de la plancha y cocinando, descorchamos el vino para que los clientes disfruten de una picada patagónica, que combina productos criollos y ahumados. Si bien tenemos varios menús, mi favorito, sin duda, es la bondiola de cerdo con verduras asadas. Trato que la comida sea sencilla, pero deliciosa usando pocas cosas: un buen producto, un anafe y una chapa.  Nada más.

La bondiola va cortada en churrascos, limón y sal gruesa.  Al servirla, la acompañamos 19866560_10155531664703762_1352691711_ncon salsa de mostaza y miel o con mermelada casera de grosellas, que van muy bien con la carne de cerdo. Como guarnición servimos tomates en rodajas, zuchinis, berenjenas y papas con queso y orégano. Para combinar la carne de cerdo, un vino Cabernet Sauvignon o un Malbec no fallan.

 

La comida no estaría completa sin el momento del postre. La mousse de limón o de chocolate suelen ser las favoritas de nuestros clientes. Tomamos un café y –los que quieren– fuman un purito disfrutando de la hermosa vista antes de volver a agarrar los remos y las cañas.

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