Informe Limay medio

Por: Rubén Martin, Efrain Castro, Lic. Miguel Casalinuovo y Dr. Alejo Irigoyen Desde hace muchos años el río Limay en su tramo medio sufre violentos cambios en su cauce producto del manejo de caudales por parte de las represas. Con tanto tiempo de alteraciones, el deterioro que presenta el ecosistema original ha llegado a alarmarnos. Los pescadores no somos los únicos usuarios de este ambiente y no seremos los únicos afectados, pero tal vez sí seamos los mejores testigos del manejo que está sufriendo un río que es patrimonio natural de cada argentino. En este informe no se pretende buscar culpas, ni mucho menos escarbar en el pasado en busca de responsables. Tampoco se menosprecia o se minimiza la capacidad de las personas que han determinado el manejo de caudal actual sobre el tramo medio del río Limay.

Limaymedio

Lo que se busca es aportar ideas tendientes a trabajar sobre los conflictos de intereses que genera el actual sistema de manejo de las erogaciones del Limay. Lo expuesto a continuación es la opinión de muchos pescadores deportivos, o simples usuarios de algunos de los muchos servicios ecosistémicos que éste río genera, quienes hemos sido testigos a lo largo de casi treinta años del deterioro, en todo sentido, sufrido por el río y su ribera a causa del manejo del caudal hídrico. Si bien los pescadores recreacionales nos encontramos, en la mayoría de los casos, enfocados en general en el aprovechamiento del curso de agua para la pesca, somos conscientes de las estrechas relaciones con el ecosistema junto a los factores de equilibrio que sostienen a éste y lo perpetúan en buen estado. Somos conscientes de que una represa es algo necesario para la demanda energética y que su trabajo es en función de un consumo generado y requerido por todos. Lo que nos cuestionamos es que este trabajo sea solo en función de un objetivo: generar energía. Y que este objetivo se cumpla modificando de manera no deseada un ecosistema (parte de nuestro patrimonio natural acuático y terrestre), contribuyendo en forma acelerada al envejecimiento del cauce y que esto se haga en desmedro de otras actividades, culturales, económicas o con diferentes intereses igualmente válidos. La realidad es que han utilizando el río como una simple vía de agua que solo sirve para mover una turbina e ignorando el hábitat ribereño que interactúa naturalmente con el cauce principal en los pulsos naturales de crecidas. La ciencia de los caudales ambientales ha experimentado en los últimos años una fuerte evolución en sus conceptos y métodos. El desarrollo de nuevas herramientas de análisis, la realización de estudios experimentales y la conceptualización teórica, permiten hoy día sentar las bases para abordar adecuadamente la temática de los caudales ambientales.

Cambio Conceptual

La ecología de ríos ha sufrido un cambio conceptual importante en los últimos años, incorporando otras disciplinas como la geomorfología y la hidrología, entre otras, en la gestión de los ríos como sistemas naturales. Una de las líneas de investigación más prometedoras se refiere a la relación entre los diferentes elementos del régimen hidrológico, la dinámica de los ecosistemas y la conservación de la biodiversidad, que son ahora encarados desde un enfoque holístico, y que en el caso de la gestión de los servicios que un río ofrece a la comunidad no excluye a los distintos actores sociales de la misma. Desde el punto de vista del funcionamiento del medio natural, los ecosistemas son el resultado de la combinación de condicionantes que incluyen múltiples factores como las características orográficas, substratos geológicos, composición físico-química de las aguas, régimen hidrológico, etc. De todos estos factores, existen algunos que gobiernan preferentemente el conjunto de procesos que cambian, muchas veces en forma indeseada la estructura biofísica de un ecosistema. En el caso de los ecosistemas acuáticos, no cabe duda de que el régimen hidrológico es uno de estos factores de control clave. Bajo la perspectiva de las especies, la importancia del régimen hidrológico radica en las características físicas medioambientales generadas y asociadas a cada caudal (velocidad, profundidad, sección mojada, etc.), y constituyen el hábitat físico para las diferentes especies. Un aspecto relevante del hábitat físico es su capacidad de mantener las distintas comunidades que lo habitan y esto se encuentra relacionado básicamente a su heterogeneidad espacial y temporal. Estas características generan una alta riqueza específica, lo que está estrechamente relacionado con la disponibilidad de recursos y con las características estructurales del hábitat mismo. Tanto la variabilidad estructural del hábitat como su dinámica temporal y conectividad, se encuentran fuertemente influenciadas por todos los elementos del régimen hidrológico lo cual induce a pensar que la presencia y distribución de las especies está condicionada en última instancia por el régimen hidrológico. “Para conservar la biodiversidad, producción y sostenibilidad de los ecosistemas fluviales, es necesario destacar el papel central de un medio físico variable. El régimen hidrológico organiza y define este ambiente físico, y por ende, el ecosistema fluvial”. Los caudales mínimos marcan condiciones limitantes del hábitat para muchas especies a través de parámetros hidráulicos como la velocidad o la profundidad. Este mecanismo permite la puesta en práctica de estrategias adaptativas desarrolladas por las especies que viven en dicho ambiente. Si los episodios de caudales bajos se mantienen dentro de cierto rango las especies podrán persistir en estas condiciones.

Conectividad

En estas circunstancias de caudales bajos limitantes, la diversidad espacial y la conectividad de los refugios es un aspecto físico clave. Esta conectividad, entendemos, en el río Limay Medio esta modificada hace años, pues existe una gran franja de espacio que alterna con gran frecuencia entre ambiente acuático y ambiente terrestre, por las crecidas y bajantes en pocas horas, dificultando así la estabilidad del hábitat de las especies que lo ocupan. Un parámetro particularmente relevante en los episodios de caudales mínimos es la velocidad de la corriente y sus fuerzas físicas asociadas. Según Allan (2004), representa probablemente el factor ambiental más importante que influye sobre los sistemas lóticos y las comunidades biológicas que los integran. Por otro lado, las crecidas e inundaciones son procesos naturales donde el ascenso del nivel de la corriente desborda el cauce menor y pasa a ocupar progresivamente el cauce mayor hasta alcanzar un máximo a partir del cual comienza su descenso. Desde el punto de vista de la dinámica ecológica, las crecidas constituyen eventos naturales de gran importancia que incluyen la transferencia de materiales y energía entre el río y su ribera, la dinámica temporal de los ambientes acuáticos fuera del cauce principal, la perturbación de poblaciones y especies, etc. Durante los periodos de inundación propios de las crecidas se produce un movimiento transversal de agua, sedimentos y nutrientes que conecta los diferentes ambientes de los sistemas fluviales (lecho y llanura de inundación). Estas crecidas incrementan la heterogeneidad y complejidad del ambiente fluvial con sus diferentes brazos secundarios, bajíos, remansos y áreas de inundación. Tal como queda recogido en el Concepto de la Dinámica de Parches (Townsend et al. 1989), la diversidad de especies se correlaciona directamente con la complejidad del hábitat, de tal forma que una alta diversidad de especies se relaciona con una alta heterogeneidad espacial y una cierta variabilidad temporal. Las crecidas también ejercen un importante papel como elementos modificadores que controlan la presencia y abundancia de diferentes especies. Los ajustes geomorfológicos subsiguientes suelen producir una incisión lineal que reducen la capacidad del mismo. El cambio de esta dinámica natural facilita en muchos casos el reemplazo de especies. Desde el punto de vista geomorfológico, durante el ascenso y punta de las aguas predominan los procesos de erosión tanto en las orillas como en el fondo del lecho, mientras que durante el descenso de las aguas estos materiales se depositan (sedimentación diferencial). Esta dinámica cambiante con acumulaciones de gravas, inicios de nuevos cauces, encharcamientos, profundos socavones, etc., es un aspecto clave en la creación y conservación de los hábitats fluviales. En este aspecto notamos la velocidad con la que se producen cambios morfológicos del río Limay en su sector medio, y el continuo cambio en el hábitat en forma tan brusca concluye en la desadaptación de gran cantidad de organismos, en un alto nivel de stress, en la desaparición de macro invertebrados que se traducen en una gran merma de la producción secundaria o terciaria del rio y que disminuye seriamente su capacidad de albergar y sustentar vida acuática. Para el buen estado ecológico, el régimen hidrológico debe ser aquel “caudal e hidrodinámica del río, y la conexión resultante a las aguas subterráneas, que permite que los valores de los indicadores de calidad biológicos muestren valores bajos de distorsión causada por la actividad humana, y sólo se desvían ligeramente de los valoren en condiciones inalteradas y que permita mantener de forma sostenible la funcionalidad y estructura de los ecosistemas acuáticos y de los ecosistemas terrestres asociados, contribuyendo a alcanzar el buen estado o potencial ecológico en ríos o aguas de transición”. “Para conseguir una dinámica adecuada de los ecosistemas acuáticos que conserve, restaure o lleve a un equilibrio aceptable la estructura y funcionamiento de los mismos, las propuestas de caudales ambientales deberán incluir adecuadamente los siguientes elementos hidrológicos: episodios de estiaje, patrón estacional los caudales de base, episodios de crecida o inundación y limitaciones de flujos máximos de los caudales de base. Estos elementos se caracterizarán a partir de la magnitud, duración, frecuencia y momento de ocurrencia de los mismos en régimen natural, las propuestas de caudales ambientales obtenidas mediante métodos hidrológicos deberán ser ajustadas según las características biofísicas particulares de la masa de agua”. Las exigencias de hábitat y de caudales circulantes por parte de los peces y de las comunidades reófilas no son las mismas a lo largo de las diferentes estaciones, sino que existen temporadas críticas en las cuales estas exigencias se hacen más perentorias. Así los periodos de freza y de desarrollo de los embriones exigen unos caudales determinados sin crecidas, y en las épocas estivales con aguas cálidas, los salmónidos exigen aguas más rápidas para poder tolerar la escasez de oxígeno disuelto. Por ellos los caudales ecológicos deberían estar en sintonía con los ciclos naturales. En este aspecto se propone la aplicación de caudales mínimos ecológicos diferentes para cada estación del año, más acorde a la dinámica histórica del río. Los caudales ecológicos básicos se determinan en función de la morfología del cauce y del hábitat, esto supone una proporción entre caudal mínimo y caudal máximo, en diferentes estudios y aplicaciones consultados hemos notado que la proporción entre estos dos caudales es de aproximadamente un 20% o 30%. Actualmente en el río Limay el caudal mínimo ecológico es de aproximadamente 200 metros cúbicos/seg, y el caudal máximo es de aproximadamente 2000, esto nos da una proporción entre caudal mínimo y caudal máximo de solo un 10% aproximadamente. Creemos que la pregunta a considerar es si el río Limay en su sector medio hace 15 años podía, con apenas 200 metros cúbicos/seg de caudal ecológico mínimo, seguir sustentando su ecosistema sin una afectación negativa grave, diversas observaciones parecen indicar que no es así. Se han modificado ecosistemas enteros de brazos históricos permanentes y sectores enteros fueron sacrificados porque el caudal mínimo establecido no era el suficiente, un gran número de brazos históricamente permanentes de río que solo han vuelto a tener agua en casos esporádicos y por cortos períodos de tiempo, estos sectores del río junto con grandes extensiones de costa ribereña hoy son ambientes que pasan de ser acuáticos a terrestres en poco tiempo y viceversa. Observamos una gran afectación en las especies antes comunes en esos sectores. Según datos que conocemos, a mediados de la década del noventa la producción de alimento para los peces en el rio Limay en su sector medio triplicaba a la actual, o sea que ha sufrido una merma muy apreciable con respecto a unos 15 años atrás, y creemos que esta disminución de alimento repercute en todos los aspectos del ecosistema. Más allá de los datos, lo vemos cada vez que estamos en el río, hay menos crustáceos, menos bagres, etc, hay poblaciones de peces forrajeros que sufren un impacto enorme y es común encontrar grupos de peces muertos en las orillas, además es notoria a simple vista la gran disminución del crustáceo Aegla en los últimos años. Creemos por nuestra simple observación de los efectos de estas grandes fluctuaciones a través de los años y por lo que hemos podido consultar, que un rio como el Limay en su tramo medio debe tener valores de caudal ecológico mínimo no menores de los 400 metros cúbicos. Recordamos que hasta fines de la década de 1990 los valores de caudal del río no eran inferiores a los 500 metros cúbicos, excepto en tristes y recordadas ocasiones, y presentaba crecidas de hasta 2000 metros cúbicos, lo cual ubicaba al caudal mínimo en un 30% o 25% del caudal máximo, parámetros normales según creemos. No sabemos las razones por las cuales el manejo del caudal del rio Limay medio comenzó a utilizar valores mínimos de caudal ecológico de 200 metros cúbicos manteniendo caudales máximos de 2000 metros cúbicos y llevando al caudal mínimo al 10% del caudal máximo. Lo que sí sabemos es que ha tenido y tiene consecuencias nefastas sobre todo el ecosistema. Sabemos que nunca es tarde para corregir acciones y creemos que todavía el rio Limay en su sector medio y su hábitat pueden ser salvados y recuperados paulatinamente si logramos entender que se necesita un manejo de caudal donde los ecosistemas acuáticos y terrestres no sean solo variables o factores despreciables, sino que sean tenidos en cuenta desde su conservación, mejoramiento y sustentabilidad en el tiempo. Esta ha sido una argumentación que, seguramente, muestra información que a la mayoría de los pescadores le resulta de difícil acceso. Pero en su intención reparadora no está ni un milímetro desviada de lo que sienten sus corazones al ver un río cambiar tanto, hasta dejar de ser el de nuestra infancia, como todos lo estamos viendo. El Limay nace en el lago Nahuel Huapi, de sus casi 500 km de recorrido, solo quedan con forma de río unos 40 km de su tramo superior, unos 80 de su tramo medio y 50 de su tramo inferior. El tramo de 80 km de río Limay, entre la presa Pichi Picún y la cola del embalse Exequiel Ramos Mexía, es el único tramo de ríoLimay que queda de su zona media, este río es el que más aporta a la tercera cuenca hidrográfica de Argentina, su ecosistema es único, contiene especies únicas que, de no modificar pronto el manejo de caudales, tal vez desaparezcan. Por tanto pedimos a Uds., autoridades a cargo, hagan algo al respecto de manera urgente para poner al Limay a salvo, con un manejo de caudal que desde hoy mismo le permita vivir, veamos cómo se asumen esos costos y busquemos soluciones inteligentes que beneficien a la comunidad y dejen en manos de nuestros hijos este pedacito vivo de nuestra historia natural. Entonces, cuando lo dejemos respirar y veamos que el río de a poco vuelve a ser el que era, nos sentamos y discutimos sobre dólares y kilowatts.

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